24.6.05

La enciclopedia de Zipi y Zape (I)

Este lunes publicaba El Mundo el primer tomo de los nueve que dedicará a Zipi y Zape en su colección de Lo mejor del cómic español. Si hacemos cuentas, se editarán cerca de 2.000 páginas de la obra más popular del dibujante Escobar (aunque no podemos asegurar que todas las firmara él, pues además de los negros hubo continuadores xungos de la talla de Ramis o Cera). He de confesar que los gemelos Zapatilla significaron mi primer contacto con los tebeos. Mientras mis hermanos mayores preferían la escuela belga del Pif o las Secret Wars de Marvel, yo tenía absoluta predilección por sus álbumes Olé, que solía devorar a la hora del almuerzo (imaginad cómo quedaron las páginas).



Pero los recuerdos a veces son engañosos... No sé si fue debido al tamaño del volumen (formato pseudo Biblioteca Marvel), que obliga a esforzar mucho la vista, pero sólo he podido hacer una lectura superficial del mismo: ojear los títulos de las aventuras y rememorar con cariño aquella historia del concurso de castillos de arena con Peloto y Sapientín de por medio... Qué grandes personajes. Iba en busca de esos diálogos plagados de erudición -¡gaznápiros!-, de aquellas escenas en clase y de las calabazas de Don Minervo; de los golpes del Manitas de Uranio, casi siempre frustrados gracias a la colaboración entre Don Ángel, el gendarme, y Zipi y Zape (cuando se ponían detectivescos); de los famosos vales para la bicicleta y los castigos en el cuarto de los ratones. ¡Y qué padres! Doña Jaimita, tan laboriosa y en segundo plano, y Don Pantuflo, un sibarita de la filatelia, la numismática y la colombofilia. Sin embargo, compruebo que ya no tengo edad para disfrutar del mismo modo que hace años... O quizá la obra de Escobar no haya envejecido tan bien como esperaba.



Es curioso que tras el expolio de Bruguera y los problemas de derechos de los personajes, Escobar decidiese crear a una pareja de hermanos muy similar, llamados Terre y Moto. Éstos eran igual de malos estudiantes y, pese a sus travesuras, tenían buen corazón. Entre los episodios cortos que contiene este tomo (la única aventura larga es El Gran Safari, la más tediosa) sobresale una en que Zipi y Zape han de escribir una redacción sobre el silencio. Su lectura es desternillante:

"La noche era tranquila. La luna brillaba entre el rielar de las estrellas. Todo era silencio. Sólo se oían los ladridos de los perros y el croar de las ranas. Todo era silencio. de pronto sonaron las campanas de una iglesia cercana. Todo era silencio. El transistor de un pastor..."

1 Comments:

At 11:28 p. m., Anonymous Satur said...

Igual que Carpanta, Zipi y Zape se leen ahora con más nostalgia que otra cosa. Ni siquiera creo que los niños de hoy pudieran entenderlos. ¿Me estaré haciendo viejo? :)

 

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