Reseñas: Bajo el aire
Bajo el aire, de Osamu Tezuka (Dolmen Editorial, abril de 2008). 328 páginas. Color y B/N. PVP: 8,95 euros.
Esta compilación, titulada “Kuki No Soko” originalmente, reúne 16 relatos cortos de Osamu Tezuka. El tono de las historietas recuerda a su recomendable MW, o a las páginas de otro clásico del manga: Monkey Punch. El autor de Astro Boy se aferra a la ciencia-ficción –así como a otros muchos géneros, como la novela negra, romántica, de espionaje, de misterio o de terror, el western y ciertos ingredientes futuristas— para describirnos al ser humano en circunstancias extremas, siendo capaz de sorprendernos hoy día mediante las resoluciones imaginativas de sus tramas.
La mayoría de estos episodios tienen finales tristes, pese a que en ellos prevalezca la justicia divina. Hay elementos esperpénticos, como el esparadrapo chupado, y paradojas médicas que bien podrían engrosar las aventuras de Black Jack. Tezuka reescribe a su manera la fábula del rico que triunfa en el amor disfrazándose de pobre y vuelve al Viejo Oeste (repasad Lemon Kid) con el propósito de ofrecer un camino distinto al de la violencia.
Sólo dos cuentos tienen al dibujante como protagonista explícito, aunque el carácter autobiográfico y realista puede ponerse en duda. Aquí nos muestra su faceta más ecologista, sincera y comprometida, una personalidad que le hará cosechar enemigos. Habría que incluir en esta categoría, además, su experiencia en sindicatos y manifestaciones. En algunos casos, el creador de Fénix introduce elementos paranormales y pasiones retorcidas –curiosamente, se hacen bastantes referencias al incesto— y recrea viñetas de gran impacto visual (cabe resaltar el niño escamado o el piloto babeante).
A Tezuka le interesan los parajes cataclísmicos y describir el instinto de supervivencia del hombre –en más de una ocasión se centra en la última pareja sobre la faz de la tierra—, pero también se fija en los desequilibrios mentales y la inescrutable naturaleza de las personas, caracterizadas casi siempre por su egoísmo.
Dolmen se estrena en el manga editando una imprescindible recopilación de contenido envidiable y presentación más que correcta, donde destaca la labor de sus seis traductores. En cuanto a la cubierta, qué acertada la comparación de Álvaro Pons con esas figuritas de Lladró... ¡Para luego descubrir los horribles secretos que se ocultan tras las falsas apariencias!





