26.9.07

Reseñas: Pinche Mundo

Pinche Mundo, de Kike Benlloch y Diego Blanco (Polaqia, septiembre de 2007). 76 páginas. B/N. PVP: 9,50 euros.

Jim Montenegro, como John Constantine, siempre va rodeado de sus fantasmas. Nunca sabremos si su compañero Andy le traicionó. Un día intentó vender un sistema de alarma en casa de los Greenberg y todo salió mal. ¿Adónde fueron a parar las balas de Isaac? Si el protagonista fue quien recibió estos disparos, el resto del relato no es más que el tránsito del personaje hacia la muerte –desde una perspectiva similar a la de Jim Jarmusch en Deadman—, aunque hay otro punto de inflexión digno de análisis.

Cuando se da cuenta de que lleva billetes falsos, Jim querrá redimirse mediante una continua huida, acompañado únicamente por una cinta de cassette con música ambiental. Antes del gran viaje acudirá al médico a por sus pastillas –atención al inesperado chiste—, y un poco más tarde ya estará oyendo las charlas xenófobas que tienen lugar en los bares de carretera.

En México tiene un cara a cara con el auténtico Coronel Flanders, imagen de la marca Wisconsin Fried Rabbit –nótese la caricatura de Kentucky Fried Chicken—, en cuyos hermosos jardines se esconden mujeres sin rostro. En el ring de lucha libre también conocerá a la enmascarada Maricela, asistirá a peleas de gallos y contactará con un chamán (he aquí otro de los momentos cruciales de la obra, que quizá sirva para comprender mejor el giro inesperado que toma el libro, pues Benlloch cada vez se parece más a Lynch).

Tras una breve fiesta del Día de los Difuntos, Jim se enfrenta al desierto montado en un viejo Volkswagen escarabajo. ¿Acaso jamás salió de allí? Porque a su regreso no sabe distinguir las alucinaciones de la realidad, transformándose en un espectador de su propia vida –¿un mecanismo de defensa de la mente mientras se asimila la muerte?—. El final de Pinche Mundo se convierte en una espiral irresoluble que invita al aficionado a releer sus páginas en busca de una clave que aclare lo ocurrido. Quizá sea un tebeo interesante por adición, dada la cantidad de personajes y acontecimientos que se enumeran en la trama, o a lo mejor es esa sensación de “universo propio” la que le otorga ese halo de genialidad.

Cabe añadir la fantástica labor del dibujante Diego Blanco, autor de Tanque Familiar (¡todos a buscarlo!) y Los animales del bosque, que aporta su trazo exacto, limpio y efectivo a la historia pergeñada por Benlloch, alzándose como joya instantánea del cómic nacional más reciente. Si te gustó Dámsmitt, no dudes en agenciarte este título.

Después de leer una novela gráfica tan gratificante resulta triste que no todos los lectores hayamos podido disfrutar de “El acompañante de Pinche Mundo”, un cuaderno de tirada limitada con páginas extra y el making-off del álbum. Para esos insaciables recomiendo la lectura de "Un cuento inspirado en Pinche Mundo", con el que acabo de toparme en la web de Benlloch.

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2 Comments:

At 12:46 p. m., Anonymous Anónimo said...

En Viñetas desde o Atlántico de este verano tuve que dar incluso la copia maestra del "Acompañante", porque se acabaron, pero por favor, después de una reseña como esta sólo me queda pedirte tu dirección, que sacaré una copia de donde sea y te la mando. Mi email es castinheira en gmail, escríbeme ahí. Me alegra mucho que te haya gustado tanto y sobre todo, que lo hayas entendido tan bien. He leído ya un par de interpretaciones distintas sobre lo que ocurre en Pinche Mundo, y a mí todavía se me ocurren un par de explicaciones más. Todas son válidas. Esto es un juego, pongan sus neuronas a funcionar, como buena ficción y como la propia realidad, la interpretación lo es todo.

 
At 6:19 p. m., Blogger Kalashnikov said...

¡Ey, Kike, gracias por esas palabras tan amables! Me ha encantado el libro, de verdad. No sé si mis interpretaciones serán buenas (aunque está bien que el autor te diga que "lo has pilado", jeje)... Lo mejor es que "Pinche Mundo", al contener un laberinto en su interior, parece no agotarse nunca.

Te mando un mail... ;-)

 

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